María Alexandra, llamado intersticial

Normalmente a las 5:00 de la mañana ya está parada, preparándose con sus dos hijos menores, los lleva a la escuela y se va al trabajo. Su esposo, con quien lleva 10 años de casados, recoge a los niños en casa de la abuela cuando sale del trabajo. Todos se reencuentran cada tarde en casa, donde mamá ayuda a los peques con sus tareas escolares y todo se organiza para el próximo día. Antes de acostarse, ella se toma un momentito para sí, ya sea leyendo o mirando la tele. Los fines de semana, se recoge la casa y luego se distraen de la rutina haciendo alguna actividad divertida en familia.

Hace dos años, un viernes frío y lluvioso por la mañana, mientras dejaba a los niños en la escuela, vio un perrito solo y mojado corriendo por el estacionamiento escolar.  Se lo llevó para ver si tenía chip, pero no. Así que lo acogió en su casa por el fin de semana a ver si aparecían sus dueños, pero tampoco. Eso fue el 18 de octubre de 2018. Este chico llegó para quedarse y completar su foto familiar.

Esta dama divertida, amorosa, madre orgullosa y esposa feliz, también cuida de su madre anciana y aprovecha para recordarle cada vez que puede que siempre la amará y la cuidará sin importar lo que pase.  Ella le dice que es la mejor mamá que pudo haber tenido y le agradece por apoyarla a través de sus peores momentos.

María recuerda su crianza en San Juan, Puerto Rico, donde vivía con su madre y con su hermana y hermano mayores. Pasaba los días tocando a la puerta de los apartamentos vecinos para reunir a sus amigos y bajar a la piscina y al patio a jugar. Para su dicha, esos lazos de la niñez han sobrevivido décadas, pues hasta la fecha siguen en contacto.

“Me encantaba donde vivía. Era un edificio alto con una comunidad muy unida, algo muy común en los años 80.”

Ella veía a su papá casi todos los fines de semana y podía pasar tiempo con su otra hermana. También recuerda con mucho cariño a sus abuelos maternos que la cuidaban después de la escuela.

“Mis abuelos me hubieran dado la luna y las estrellas si se las pedía.”

A los 15 años, tuvo la oportunidad de trabajar en el negocio de su cuñado como recepcionista y cajera. Lo que comenzó como un trabajo veraniego, culminó en cubrir vacaciones y ayudar cuando fuera necesario.

“Hasta el día de hoy digo que me enseño mi ética laboral y que ha sido el mejor jefe que he tenido. El decidió confiar en una chica de 15 años y enseñarle cómo ser profesional.”

Ella se fue a vivir por su cuenta a los 16, conoció al padre de sus dos hijos mayores a los 17 y se casó con él a los 18. Mientras vivían en los Estados Unidos, su relación se deterioró. Su hogar pasó de amor adolescente a un ambiente insoportable, tóxico y muy doloroso del que tuvo que escapar para sobrevivir. 

María nunca perdió su determinación, siguió adelante y a los 25 daba el todo por el todo en el campamento de entrenamiento de las Fuerzas Armadas de los Estados Unidos. Sin embargo, fracturas de estrés en sus piernas no le permitieron seguir una carrera militar.

“Vivo con una actitud de «nadas o te ahogas», así que sigo adelante confiando que todo eventualmente pasará y se resolverá.”

Desde restaurantes hasta trabajar con el equipo de un artista urbano latino reconocido mundialmente, ella mantuvo su barco a flote para proveer para sí y su familia. Se encontró de nuevo enamorada y embarazada con su única hija.

Su compañero estaba confundido consigo mismo y, atrapada en medio de su dilema, María tuvo que enfrentar otra tormenta. Esta vez, era más de lo que cualquier mujer podría soportar. Los padres de él movieron cielo y tierra para obtener la custodia de su niña. Embistieron una batalla legal contra ella que le rompió el corazón. No es fácil enfrentarse a gente con recursos, que goza de cierto estatus social e influencias en una isla constantemente enmarañada en corrupción y deficiencias institucionales.

Después de todo, para alguien como María, ser madre es un deber trascendental que la obliga a poner el bienestar de su hija primero. Saber que su hija está bien es lo que necesita, porque la mano que le tocó jugar fue cruel y vinculante.

“Sí, lamento haber confiado tanto en alguien que no pensó en mí entonces, y que usó mi confianza para herirme grandemente. Le deseo todo lo mejor y rezo para que un día se dé cuenta que no solo me hirió a mí, sino que también a alguien que él ama mucho.”

Habiendo experimentado eventos tan traumáticos en sus asuntos personales, ella luchó arduamente por internalizar y externalizar sus sentimientos. Necesitaba una salida y un alivio, un cambio de perspectiva. Ella tenía buenas razones para no confiar en nadie y temer hacer conexión, hasta que encontró algo que la llenaba.

“Me vi sin trabajo y empecé a trabajar como intérprete por teléfono hace 14 años. En ese momento puede que encontrara un trabajo, pero lo que realmente hallé fue el sueño que perseguía sin siquiera saberlo.”

Hoy es toda una intérprete profesional. Esta no era la carrera de su elección, pero se enamoró de la dinámica y comenzó a trabajar como intérprete de conferencias. Como madre de niños pequeños, seguir escalando en el mundo de la interpretación de conferencias fue descartado dadas las frecuentes peticiones de viaje. Aunque sí estaba dispuesta a viajar, tampoco quería estar fuera de casa tan constantemente.

Actualmente, cuenta con una licencia estatal para interpretación legal y trabaja como intérprete médica en un hospital también. Allí facilita la comunicación entre pacientes, médicos y personal de enfermería a diario, ahora en medio de la pandemia.

“Es un desafío porque tengo que asegurarme que ambas partes se entiendan sin añadir, omitir o cambiar nada de lo que dicen.”

Estar en ese espacio intersticial en el que puede intervenir en un proceso roto y arreglarlo ayudando a las personas a superar barreras lingüísticas, ha sido la respuesta a las preguntas que nunca se había hecho. Finalmente se conectó con esos pensamientos retóricos en ella. Una vez que todo encajó, algo se abrió, pues había encontrado la carretera abierta y se inspiró a ponerse nuevos destinos. ¡Qué forma de responder al llamado!

“Me encanta lo que hago y creo que se ve cada vez que salgo y lo hago.”

Ahora contempla el examen para Intérpretes de la Corte Federal y se prepara para pasarlo. Ella está lista para callar a los que dudaban de ella. Sentirse fascinada y recompensada por lo que hace todos los días es su mayor motor.

Contra viento y marea, ha superado muchos obstáculos y se ha librado de las dudas de otros que no entendían o simplemente no le dieron el espacio para maniobrar a través del río bravo en el que cayó. A su propio paso y velocidad, encontró consuelo. Su vida es un ejemplo de que la empatía puede ir muy lejos y que juzgar el carácter de las personas muchas veces no es productivo. Debemos retar las ideas que nos hacemos de los demás, porque apenas vemos un destello de que lo sucede en sus vidas. Demasiado a menudo actuamos con falsa seguridad por miedo y basándonos en nuestras propias limitaciones.

“Me gusta relacionarme con todo tipo de personas, soy muy ecléctica en mis gustos y creo que puedo aprender de los demás, aunque tengamos diferencias de opinión. Pero hay dos tipos de personas que no cuento en mi círculo, los mentirosos y aquellos que no le muestran empatía a los demás.”

María es una de esas personas magnéticas que te atrae con su “je ne sais quoi.” Su superpoder es su naturaleza social y esa presencia que llama la atención. No es prepotente y no hay nada artificial en su presencia, ella no esconde su complejidad. Tiene el don de la palabra y una mente brillante. Ve la vida con humildad, pues la fragilidad de nuestra condición ha salido a la superficie demasiadas veces para ella. Ha tenido que lidiar con cada bola curva que le ha lanzado la vida, más con ser victimizada sin remedio ante los ojos de algunos.

Lo que es claro para ella hoy día es que la familia es el hilo de la vida, pero familia no son solo los parientes de sangre.

“Hay algunas personas que han estado en mi vida brevemente o por periodos más largos que son más que mis amigos; son mi familia, mi tribu. Sin esas relaciones cercanas creo que no habría sobrevivido muchos momentos en mi vida.”

Aunque encontró al indicado más tarde en la vida, hoy tanto él como su familia son quiénes le motivan a nunca darse por vencida.

“Después de 10 años, él es mi roca, pone equilibrio a toda mi locura y me trae paz. Ha demostrado con el tiempo que siempre estará en mi esquina sin importar lo que pase.”

Sus hijos la han visto luchar por ser el mejor ser humano que hay, algo que ella espera que ellos emulen también. Las video llamadas se hacen cansonas porque ya quiere estar ahí presente en la vida diaria de todos sus hijos y de su primera nieta. Su familia lo es todo para ella. Con lo difícil que puede ser la vida en ocasiones, siempre podemos reaccionar y seguir tratando de ser mejores con y para los demás.

“Estoy muy orgullosa de lo lejos que he llegado a pesar de los obstáculos y las personas que dudaban que lo lograría. Hubo un punto en mi vida en que pensé que no había nada más por lo que continuar, pero fui bendecida ya que Dios puso algunas personas en mi camino que me ayudaron a pasar por esos momentos tan oscuros. Ahora sé que hay un propósito para todo lo que nos pasa y que no podemos darnos por vencidos cuando la cosa se pone difícil.»

Recontar su historia nunca se hace más fácil, el pasado tiene consecuencias que no pueden ignorarse. Pero ella vive en el ahora, haciendo que cada día cuente hasta que pueda reunirse con todos sus hijos y disfrutarlos cabalmente. Y mientras el futuro se acerca a su realidad, ella nada llenando las brechas para otros, sacándolos de la oscuridad con sus palabras.

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